Bad Religion: Rememorando Toda Una Vida

Decimosexto álbum de estudio (se dice pronto) para los inigualables maestros del punk-rock/hardcore melódico a escala mundial. Tras sus precarios y algo desconcertantes inicios (“Bad Religion EP” 1981, “How Could Hell Be Any Worse?” 1982, “Into the Unknown” 1983, “Back to the Known EP” 1985), su memorable y esencial trilogía (“Suffer” 1988, “No Control” 1989 y “Against the Grain” 1990), sus LPs de transición hacia la disquera Atlantic (“Generator” 1992 y “Recipe for Hate” 1993), su desacelerada y desacertada etapa (exceptuando el magistral e injustamente criticado “Stranger Than Fiction” 1994) bajo dicha multinacional (“The Gray Race” 1996, “No Substance” 1998, “The New America” 2000), la digna vuelta a los orígenes de la mano de Epitaph Records (“The Process of Belief” 2002, “The Empire Strike First” 2004, “New Maps of Hell” 2007), y la que fue su última y descafeinada publicación hasta la fecha (“The Dissent of Man” 2010), Bad Religion vuelve a la carga con una recientísima entrega, bajo el nombre de “True North”, en un alegato a la perseverancia, forjada a través de más de treinta años de existencia, que viene a reafirmar que las décadas parecen pasar en balde para la banda americana.

Bad Religion 1982

Si las experimentaciones ensayadas en “The Dissent of Man” (en líneas generales, un álbum demasiado lento, con canciones pesadas y que se aleja de la raíz de sonidos hardcore/punk para recaer en texturas más rock e, incluso, pop-rock) han servido para algo es para esclarecer, una vez más, que todo aquello que se aleje de la esencia básica de Bad Religion hace flaco favor a su propia trayectoria. La perfecta combinación entre rapidez y melodía, entregada en canciones cortas y efectivas, inundadas de letras eruditas, coros y punzantes guitarras en excelentísima armonía vocal con su cantante e icono, Greg Graffin, son una fórmula mágica de la que el hoy sexteto nunca debió desprenderse. Precisamente “True North”, aunque todavía con matices por limar, parece indicar la vuelta al camino hacia esas señas de identidad: 16 canciones ejecutadas en apenas 35 minutos, en las que la velocidad y los infalibles juegos de voces vuelven a primar, y durante las cuales la formación parece querer rememorar toda su trayectoria musical.

De hecho, y como apertura con título homónimo, el comienzo de la canción “True North” recuerda levemente al de “Leave Mine to Me” (“Stranger Than Fiction” 1994) aunque su desarrollo desemboca, sin dilación, en un eficiente estribillo acompañado por los famosos “oozin’ aahs”, coros llamados así en jerga acuñada por la propia banda. La introducción a “Past is Dead”, por lenta y noña, puede echar para atrás a las primeras de cambio. Sin embargo, tras ella, se esconde un magnífico tema que bien pudiera haberse insertado en el cancionero de “New Maps of Hell” (2007). “Robin Hood in Reverse”, con guiño al “If the Kids Are United” de Sham 69 presente, tiene reminiscencias de la etapa “Generator”-”Recipe for Hate”-”Stranger Than Fiction”, comprendida entre 1992 y 1994.

Si algo evidencia “Land of Endelss Greed” es que este tipo de canciones solamente están al alcance de Bad Religion, dejando a la altura del betún a todas aquellas bandas que han vivido a rebufo de los norteamericanos. Efectividad máxima para otro regalo sonoro, que aumenta su interminable colección de hits, y que sigue demostrando por qué Graffin continúa siendo el mejor cantante (con permiso de Kevin Seconds) del panorama punk-rock/hardcore melódico de todos los tiempos.

El adelanto del álbum, allá por noviembre, vino bajo la forma de “Fuck You”. En su día hizo temblar a más de uno, temiéndose lo peor (y no sólo por lo típico de su título…). Sacado de contexto puede ser un corte que no diga absolutamente nada. Y mucho menos para lo que se le presupone al combo formado en Los Angeles. Como parte del tracklist, un tema así quizás hasta tenga cierta gracia. Peor resultado hubiera obtenido dentro de un disco más lento, pero al tratarse de un trabajo donde predomina la velocidad, puede que muchos lo agradezcan. A fin de cuentas, no dista mucho de canciones tipo “Come Join Us” (“The Gray Race” 1996). Eso sí, comienza con ella el tramo más pausado de “True North”, junto con la oscura rockabilly “Dharma and the Bomb” (cantada íntegramente por su guitarrista y compositor Brett Gurewitz, hecho insólito en la  discografía de la banda) y “Hello Cruel World”, empalagosa, pesada y prescindible a partes iguales, clarificando que tracks de este tipo hacen que un disco comience a dejar de ser redondo.

Tras el sosiego, golpe en la mesa. “Vanity” suena vertiginosa y va al grano, con el sello inconfundible de Bad Religion, en la composición más hardcore del LP. Guarda cierto paralelismo con “Murder” (“New Maps of Hell” 2007), con el inicio de “Can´t Stop” (“The Process of Belief” 2002), con “Big Bang” (“No Control” 1989) o “Positive Aspect of Negative Thinking” (“Against the Grain”, 1990) tanto por su velocidad y crudeza, como por su corta duración. De hecho, exceptuando “52 Seconds” (“New Maps of Hell” 2007), se convierte en el tema más fugaz desde la época de su aclamada trilogía, a finales de los años 80. “In Their Hearts is Right” da paso a “Crisis Time” (grandioso su juego de voces) y “Dept. Of False Hope”, la cual repite el esquema de “Bored and Extremely Dangerous” (“The Process of Belief” 2002): melodía vocal combinada entre parte acelerada y corte a medio tiempo. “Nothing to Dismay”, obviando incontestables diferencias de producción, deja leves recuerdos del “No Control” (1989) y, “Popular Consensus”, no es más que un rock’n’roll llevado al terreno de Bad Religion, como en su día lo fue “What Can You Do?” (“Suffer”1988), aderezado con otra gran interpretación vocal por parte de G. Graffin. Seguidamente, el propio cantante se despoja de los coros del resto de sus compañeros en “My Head is Full of Ghosts” para entonar en solitario y doblar su propia voz, como único acompañamiento al bloque instrumental. “The Island” y  “Changing Tide”, en una nueva demostración de cómo fabricar unos coros que se te claven en la memoria para el resto de la eternidad (y con cierto regustillo a lo 7 Seconds, si se permite el simil), cierran esta nueva edición.

Bad Religion 2012

“True North” es un trabajo retrospectivo, en el que se pueden encontrar paralelismos con muchas de sus entregas, y que recoge lo mejor de sus últimos diez años, sin olvidar sus orígenes más lejanos. Todo parece más sencillo y esencial, en un vistazo al pasado en el que hasta Brooks Wackerman parece más comedido en su labor a la batería. La complejidad quizás radique en hacer fácil lo difícil y recuperar el alma más básica que, aún pecando de repetitiva y de cierto revisionismo, acaba convenciendo por su eficacia y firmeza, aunque venidas ligeramente a menos. Juzgar en las primeras escuchas puede matar un disco que esconde más motivos para celebrarlo que para criticarlo. A día de hoy, conseguir que el cancionero de un LP sea más que aceptable en un 75% de su contenido, es tarea harta difícil. Si ya entusiasma en un 50%, estamos ante palabras mayores. De hecho, junto con “New Maps of Hell” (2007) o “The Process of Belief” (2002), es lo mejor que han firmado desde “Stranger Than Fiction” (1994). Seguramente no sea su mejor disco pero, si como se rumorea, podría ser el último, su valor cobrará mayor consideración con el paso del tiempo. Y, como testamento, será de agradecer.

Escúchalo en Spotify

Texto: Paja&Mosto

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Un Comentario

  1. antonio paquitez y lopez

    Popular1 Ya!…semejante calidad y belleza de critica necesita espacio en tirada nacional…..
    seguro que alguien quescribe así es español…

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