Calexico: Echando Raíces

Sin ser su mejor trabajo, puede que el reciente “Algiers” (2012) haya captado, si cabe, aún más adeptos. Puede que su (casi) intachable carrera empuje a no perderse ningún espectáculo ofrecido por los de Tucson. O puede, a saber, que el creciente afán por figurar en cualesquiera de los eventos programados en la ciudad hayan hecho fuerza, una vez más, para colgar el cartel de ‘no hay billetes’ en las taquillas del Teatro Victoria Eugenia de Donostia/San Sebastián, en la segunda visita en apenas tres años, de los veteranos bandoleros Calexico.

La variedad de instrumentos que puso sobre el escenario la banda de Arizona ratificó el eclecticismo sonoro al que nos tienen acostumbrados Joey Burns y los suyos: contrabajo, vibráfono, trompetas, steel guitar, guitarras eléctricas y acústica, bajo eléctrico, acordeón y elementos de percusión varios eran ajustados minutos antes de la actuación por los mismos miembros del combo, dejando patente una vez más que, a pesar del tirón y la fama internacional que avala a grupos de la talla de los propios Calexico, son ellos quienes se encargan de limar la puesta a punto de su sonido, recortando gastos y limitando las ‘road crews’ a un reducido número de personas. Tiempos difíciles para el negocio musical, que diría aquel…

Rondando las nueve de la noche irrumpió en el entarimado el esta vez septeto hispanoamericano, acompañados por Jairo ‘Depedro’ Zavala. El papel de coprotagonista del madrileño quedó manifiesto desde “Epic”, canción con la que abrieron la velada. Que su guitarra estuviera demasiado alta, hasta el extremo de comerse al resto de la banda, fue un factor que convirtió al corte que abre “Algiers” en casi una prueba de sonido. “Across the Wire”, primer recuerdo para el magnífico “Feast of Wire” (2003), refrendó la estela chicana que rezuma la formación, a pesar de sus cada vez más relegados ‘momentos mariachi’. Paradójicamente, “Splitter”, el corte más ‘rock’ de su última publicación, sonó sin garra y algo forzada, perdiendo la efectividad que posee en el álbum. Ni el solo de guitarra pensado para las actuaciones en directo pudo dar empaque a un tema que prometía algo más sobre el entablado. Seguidamente, “Roka” (el destino quiso que la función de Amparo Sánchez, quien cedió su voz en la grabación de este y otros temas a Calexico, coincidiera en fecha y hora en Le Bukowski), “Dead Moon” (tema extra en la edición de lujo de “Algiers”) y “Para” (íntimo y sentido homenaje a su amiga Lasha de Sela, fallecida en 2010) dieron paso, introducción con sonido de trenes mediante, al único tema puramente instrumental de la noche: “Minas de Cobre”. La banda se recreó en sus raíces y lució su mejor cara en la única alusión a “The Black Light” (1998), en uno de los momentos más aplaudidos del concierto.

Tras el mestizaje de “Inspiración”, surgió una melancólica “Fortune Teller” que ganó enteros en vivo e incluyó pasajes de ‘steel guitar’, ejecutados de forma acertada por un excesivamente gesticulante Zavala. Buen recibimiento para la mítica “Sunken Waltz” que resultó un pelín flojita a pesar de la gran interpretación vocal de Burns. “Maybe on Monday” (con un insufrible e intermitente acople de fondo que hizo girarse en plena canción al mismísimo John Convertino a preguntar qué pasaba), una creciente a la par que eléctrica “Two Silver Trees” y “Victor´s Jara Hands” cerraron un bloque que sirvió también como despedida a las incursiones en “Carried to Dust” (2008). “All System Red” (“Garden Ruin” 2006) fue el último momento de respiro antes de que el respetable empezara a despertar de verdad en un concierto que fue de menos a más: las versiones de Love y Minutemen, “Alone Again Or” y “Corona”, además de “Puerto” ejercieron de cierre entre vítores y una puesta en pie que abre la sospecha, por excesiva, entre ser sincera o partir de la mera inercia de alabar a cualquiera que se suba a este escenario.

Ya en los bises, Calexico invitó a sus teloneros Blind Pilot a fabricar una prístina versión de Gillian Welch, “Look at Miss Ohio”, en lo que supuso un excelente juego de voces colectivo. “Sinner in the Sea” y “Güero Canelo”, con un esperpéntico y deplorable momento “me llaman el desaparecido”, despidieron el primer bis. Para el segundo, aunque se hicieron de rogar, ofrecieron una emotiva “The Vanishing Mind” como broche final.

El concierto que brindó Calexico guarda cierto paralelismo con su último trabajo “Algiers”: sin tratarse de lo mejor que han hecho, tampoco se puede considerar malo. Independientemente de las deficiencias técnicas que pudieron florecer en fases del mismo (la voz de Burns apagada por momentos, teclado y guitarra acústica vagamente apreciables, Zavala sonando muy por encima del resto, algún que otro petardazo, etc…), queda la impresión de que Calexico no cautivó y no pudo desplegar su rica variedad sonora al 100%. Y no es que se solicite la presencia de los mismísimos mariachis Luz de Luna, no. Es echar de menos los pequeños matices que han hecho grande a la formación y que se escaparon ayer en una actuación escueta. De la misma forma, faltaron grandes temas que la banda acostumbra a incluir en directo (“Quattro”, “Black Heart”), por no hablar del caso omiso a una de sus mejores entregas “Hot Rail” (2000). Para más inri, interpretar un sólo tema instrumental, con el oro puro que guarda la banda en ese aspecto (“Muleta”, “Close Behind”, “Frontera”, “Tres Avisos”, “El Picador”), es casi delito. Desde luego que mal no. Pero como para ponerse en pie, tampoco.

Texto: Paja&Mosto

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