Antony Hegarty: Fragilidad a Flor de Piel

Un Auditorio Kursaal abarrotado hasta los topes esperaba impaciente la llegada de uno de los grandes nombres para Jazzaldia 2012: Antony Hegarty. Ésta vez dejó a los “Jonhsons” en casa y se unió a la orquesta tolosarra Et Incarnatus para dar vida a “Cut the World”, un recital que repasa de forma orquestal los grandes éxitos de sus cuatro álbumes. Ya conquistó y sorprendió a público y crítica en Jazzaldia 2005, con la presentación de su disco más elogiado: “I Am a Bird Now” (2005). Volvió a hacerlo en 2009, ésta vez como artista ya consolidado y con “The Jonhsons” arropándole en lo que fue un concierto épico, por lo que la expectación para este nuevo recital era máxima.

Con los 40 miembros de la orquesta de blanco impoluto y un Antony oculto entre las sombras, de negro total y al que apenas se intuía, comenzó el concierto con “Rapture”, mágica en sus primeros acordes, perfecta en orquestación y con la voz de Antony serpenteante haciéndose hueco entre las flautas y violines para ir creciendo progresivamente. El comienzo de “Cripple and the Starfish”, con ese aire de misterio y cuento antiguo, fue espectacular. Una de las canciones más destacables del concierto. “For Today I Am a Boy” arrancó una vez más el aplauso del público, sorprendiendo por los cuidados arreglos y la intensidad que adquirió. “Epilepsy is Dancing” quizás resultó un tanto descafeinada aunque con “Crazy in love”, espectacular cover de la famosa canción de Beyoncé, logró maravillosa y doliente inundar de melancolía el auditorio. La particular versión de Antony hace que se te salten hasta las lágrimas.

Con “Swanlights” arrebató el puesto al pianista en una interpretación en la que la sección de viento de Et Incarnatus se salió. Silencio absoluto para escuchar esos primeros golpes de piano que crecen con los arreglos orquestales. Simplemente espectacular: una de las mejores interpretaciones de la tarde. Era la hora de presentar su nuevo proyecto, “Cut The World”, escrita para la ópera “Vida y muerte de Marina Abramovic”, que recientemente pasó por Madrid y en donde Antony actúa junto a Willem Dafoe y la propia Marina. Después de un pseudo-discurso pesado y eterno, y en el que el artista reivindicaba el papel de la mujer en el mundo, sus sistemas y estructuras de gobierno, comenzó “Cut the World”, la única novedad en su repertorio. Tras empezar, el artista detuvo a la orquesta y pidió volvieran a empezar, pues no le había gustado el arranque. Aun así, parones y speeches innecesarios aparte, ésta canción es inmensa: increíble cómo se va entretejiendo en tu interior y te deja con ganas de más.

“Another World”, delicada y tenue, acarició a todos los presentes para dar paso a “Kiss my Name”, con la que nos sacó a todos de esa bruma de lamento en la que estábamos inmersos. La percusión en este corte fue todo un acierto. Un cambio necesario ya que el concierto estaba empezando a ser un poco tedioso. Después de un esperado “I Fell in Love with a Dead Boy”, tocó el turno de otro mitin más. Ésta vez de religión. Segundo discurso en apenas veinte minutos: estaba hablador Antony esa tarde… “You Are my Sister”, uno de sus grandes temas, sonó soberbia y magnética. La consecuente gran ovación no se hizo esperar. Para la recta final dejó “The Criying Light” y la delicada “Twilight”. Gratificante ver cómo crece con el acompañamiento orquestal. Una maravilla, vamos. Tras ello, llegaron los aplausos, las flores, los agradecimientos y los bises; en los que interpretó de manera más bien forzada y desganada un “Hope there’s someone” (su canción más conocida y por la que más de la mitad de los asistentes habían comprado la entrada…), la cual resultó floja y apenas llegó a calar.

“Ghost” cerró el concierto. Acto seguido, un auditorio en pie irrumpió en aplausos. Los asistentes se miraban unos a otros como diciéndose: “he estado en el concierto de mi vida”. Lejos de esa realidad, en la segunda vez que veía al señor Hegarty en directo, me faltó como en la primera ocasión “Man is the Baby”, (¿por qué nunca la toca? Qué indignación…). Salí con un sabor un tanto agridulce, ya que después del mágico concierto que viví en 2009, en este me han faltado muchas cosas: se ha visto un Antony pequeño; aburrido por momentos, aunque en otros ha conseguido ponerme los pelos de punta. No es inusual que el artista lo logre pero, asumiendo lo bien que quedan sus temas orquestados, en ésta ocasión se palpó cómo Et Incarnatus le tapaba demasiado; que su voz tan peculiar ha sonado minúscula y que no ha llegado a conectar del todo. Aún así, sé que si vuelve, repetiré. Al fin y al cabo, una función de Antony es una experiencia inolvidable.

Texto: Kuxkuxerilla

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