Mark Lanegan Band: Funeral Sonoro

Con el todo el papel vendido se presentaba Mark Lanegan en la capital del mundo tras la reciente presentación de su último trabajo “Blues Funeral” (2012): una descafeinada entrega que, aún creando división de opiniones entre la crítica especializada, no hizo temblar el pulso a sus incontables seguidores a la hora de agotar las entradas. Su experimentada y dilatada carrera, plagada de infinitos proyectos, es un aval más que suficiente para apostar a caballo ganador contando, además, que sus anteriores visitas dejaron el pabellón bien alto.

En un Kafe Antzokia bilbaíno en el que no cabía ni un alfiler, hacía acto de presencia el quinteto Mark Lanegan Band. Con las intenciones marcadas desde el principio, sonaron “Gravedigger´s Song”, “Sleep with Me” y “Hit the City” dejando claras dos cosas: que Lanegan sigue siendo físicamente una estaca sobre el escenario y que algo no funcionaba sonoramente hablando. La pose del americano no debiera pillar por sorpresa a ninguno de los allí presentes pero, desde luego, deslucir de esa manera su principal baza, la voz, dejó frío de la sorpresa a más de uno. Que trallazos como los citados “Gravedigger´s Song” o ”Hit the City” sonaran así de flojitos y con la presencia vocal prácticamente difuminada, fue un mal presagio de lo que acontecería en el resto del concierto: algo no marchaba. Algo no acababa de convencer.

Aunque centrándose casi exclusivamente en su reciente grabación, dejaron hueco para hacer un breve repaso a sus anteriores entregas: ejecutaron “One Way Street” y “Resurrection Song” (Field Songs, 2001); “Wedding Dress” (Bubblegum, 2004); “Creeping Coastline of Lights” (I´ll Take Care of You, 1999); “Wish you Well” (de su EP “Here Comes that Weird Chill”, 2003); permitiéndose una única parada en alguno de sus proyectos más memorables: “Crawlspace”, de Screaming Trees. El resto del setlist fue para “Blues Funeral” (2012), destacando un “Quiver Syndrome” que lució como debieran haberlo hecho el resto de temas y que, sin duda, ganó muchísimo en directo. Tras una petición no demasiado unánime, se pudieron escuchar en los bises “Pendulum”, anecdótica incursión en su segundo álbum “Whiskey for the Holy Ghost” (1994), “Harboview Hospital” y “Methamphetamine Blues”.

La pésima sonorización que amenizó la velada fue un lastre que ni la banda ni su equipo técnico pudieron siquiera maquillar. Relegar a un plano tan raso la voz de Mark Lanegan bien pudiera dejar a la formación a la altura de otras muchas que, sin gozar del aura de misticismo que rodea al de Washington, nos visitan sin mayor pena ni gloria. Ninguno de los acompañantes de Lanegan pareció dejarse la piel en el escenario ni transmitieron absolutamente nada a una sala abarrotada que fue de más a menos en el transcurso de las casi dos horas que duró el concierto. Quizás sobrevuele la idea de decepción. Quizás la de un borrón en la exitosa carrera del cantante. O quizás asumir, aunque duela, que la voz que cautivó a toda una generación se esté apagando en sus directos.

Texto: Paja&Mosto

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