Tindersticks: Llueve Sobre Mojado

La nueva visita de los británicos Tindersticks al Teatro Victoria Eugenia de Donostia/San Sebastián se debatía entre dos dilemas: no perder de vista a una de las bandas más reconocidas de los últimos tiempos, aún asumiendo que no se encuentran en su mejor estado de forma y, por otro lado, ver cómo progresaba en directo su reciente trabajo, “The Something Rain” (2012), a sabiendas de que dista mucho de ser su mejor publicación y que, confirma, da carpetazo definitivo a los gloriosos arreglos orquestales que los engrandecieron.

Aún haciendo una firme propuesta por basar su concierto en “The Something Rain”, curiosa fue la apertura con “Blood”, viejísima composición de su álbum de debut “Tindersticks” (1993); la peculiar versión de Odyssey, “If You´re Looking Far a Way Out”; y “Dick´s Slow Song”, de su obra maestra “Curtains” (1997). Los guiños al pasado y la desnudez con la que se presentaban Stuart Staples y compañía podía presagiar una actuación más apoyada en LPs de su magnífica primera etapa. Pero nada más lejos de la realidad. Sonaron a continuación y en bloque “Chocolate”, “Show me Everything”, “This Fire of Autumn” y “A Night to Still”, tal y como abren su último larga duración, dejando patente dos cosas: que sus orquestaciones, aunque fuera a base de pregrabados, desaparecían de su directo por completo y que la conjunción y el cuidado sonido que maneja actualmente la formación de Nottingham son sus grandes bazas.

Recuperaron “Don´t Ever Get Tired” de “Can Our Love…” (2001) y “I Know that Loving“, de “Simple Pleasures” (1999), para proseguir con “Slippin´ Shoes”, “Frozen” y “Come Inside”, todas ellas canciones de “The Something Rain”. Con un teatro entregadísimo con la banda, volvieron al escenario tras un breve descanso para ofrecer en los bises las delicadas “Factory Girls” (“Falling down a Mountain” 2010) y “She´s Torn” (“Simple Pleasures” 1999). Ya con el aforo en pie, la banda no pudo decepcionar a los más fieles para repetir bis con la única parada en su segundo álbum (“Tindersticks II” 1995) y el reciente single extraído de su actual disco: “Cherry Blossoms” y “Medicine”.

Hora y tres cuartos bajo los focos. Merecidísima ovación final para los más fans. Reconocimiento desmedido para los más nostálgicos. Y es que la banda, aún habiendo ejecutado un directo perfecto en cuanto a interpretación y sonido, sigue sumiendo a sus seguidores en el eterno debate entre reconocer su innegable trayectoria o lamentarse por la elección de un setlist que ningunea de manera poco entendible tanto sus clásicos hits como la etapa que cerraron con “Curtains” (1997). Un arriesgado repertorio, por tanto, que contentó a muchos pero que sigue sin saciar a quienes los vieron nacer (y casi hasta morir) con un cancionero que, precisamente, los convirtió en lo que son hoy en día y en cuyos kilates basan gran parte de la fama que actualmente atesoran. Que Dickon J. Hinchliffe, principal valedor de las orquestaciones, ya no esté en la banda, es un hecho a tener muy presente. Pero no tanto como para continuar obviando exquisitos temas que siguen formado parte de la elogiable herencia de Tindersticks.

Texto: Paja&Mosto

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