McEnroe: Salitre Emocional

“Tú nunca morirás” (2009) es probablemente mi disco favorito en el mundo mundial: aun mil veces escuchado, mil veces cantado y revisado, a día de hoy es capaz de ponerme la piel de gallina y emocionarme más incluso que en las primeras escuchas. Ahí comenzó McEnroe para mí, en este disco me enamoraron y engancharon. Ya no he sido capaz de quitármelo de mi cabeza. Porque crear canciones como “Los Valientes”, “El alce” (con esa gran frase que cierra el tema y que se ha quedado grabada en mi para siempre: “El amor no existe, tu me lo destruiste”) o “Tormentas” (tan redonda; tan perfecta, y tan hiriente a la vez) no está al alcance de cualquiera.

Probablemente por este motivo la espera de “Las Orillas”, su tercer y último disco, se me hizo eterna. El mismo día que salió a la venta fui corriendo después de trabajar a comprármelo. Sabía que no podían decepcionarme. Y no, no lo han hecho. McEnroe han madurado y crecido desde que publicaran su primer disco con Subterfuge allá por el 2008: “Mundo Marino”. El éxito les ha llevado a tocar en el escenario grande del Festival de Benicássim; a girar por medio país y hacerse un merecido y reconocido hueco en el panorama indie estatal, todo ello logrando mantener la pureza y honestidad que despreden sus canciones. En definitiva, manteniéndose fieles a ellos mismos.

El primer adelanto de “Las Orillas” fue “Vista hermosa”, tema 100% McEnroe. Con la peculiar voz de Ricardo Lezón como eje central, pero con un tempo más rápido, presagiaba sorpresas para este último trabajo. Así, abre el disco “La Palma”, con esa distorsión de guitarra que recuerda tanto a “Tormentas” (“Tú Nunca Morirás” 2009), acompañada por esa voz desgarradora y doliente de Ricardo, en la que vuelve a cantar al amor con las palabras justas y certeras. Una canción que crece y crece a medida que avanza.

En “‘Agosto del 94” nos damos de frente con recuerdos de aquel pasado que siempre pensamos fue mejor. Una canción emocionante y redonda que te prepara para recibir a “Arquitecto”, una historia de añoranza, con la voz a punto de quebrarse; un llanto desgarrador al amor, casi susurrado, lento y reposado, y con ese toque eléctronico que aporta el francés Olivier Arson, el nuevo fichaje de la banda. “La Cara Noroeste” es uno de los hits de “Las Orillas” y probablemente de toda la discografía de McEnroe: el desamor sigue siendo el eje hilo conductor de este corte, pero desde la aceptación y la resignación:“Extraña forma de vivir, estar pensando siempre en ti, extraña forma de morir vivir pensando en ti”.

Con el comienzo de “Las Mareas” llegó mi primera sorpresa. Me dije a mi misma: ¿esto qué es, una canción infantil? Cerrando los ojos y dejándola fluir, es increíble sentir cómo crece, cómo se transforma y cómo acabas encontrándote a ti misma coreando como si no hubiera un mañana “Ya no temo a las mareas que vienen y van, ahora me tumbo en la arena a verlas pasar, ya no temo a las mareas que vienen y van, ahora me tumbo en tus piernas a verlas bailar”. Un soplo de aire fresco que permite deshacerte de tanta melancolía. Esa relativa alegría, sin embargo, no dura mucho. Precisamente, uno de los signos de identidad de este grupo es lo desgarradores y depresivos que pueden resultar sus álbumes, no aptos para según qué momentos de tu vida, aunque totalmente adictivos por otra parte. “Astillero” y “En Mayo” te devuelven a esa bruma del norte; a esos días grises de frío, sirimiri y niebla que te llenan de pesadumbre. Cierran magistralmente “Mundaka” y “Paris Encore”, maravilla oculta (que solo escucharás si te compras el disco) con sorpresa final que te deja desarmado lamiéndote las heridas. ¿A quién no le tocan la fibra las canciones de McEnroe?

“Las Orillas” me va a alcanzar más profundamente con las escuchas pero, con seguridad, no llegará a emocionarme tanto como mi adorado “Tú nunca morirás” (2009). Sé que ningún disco logrará eso. A día de hoy ningún grupo estatal consigue reflejar una versión tan pura y verdadera del amor como lo hacen McEnroe. Sin artificios, sin metáforas rebuscadas. Puras emociones plasmadas en letras que hacen que te identifiques con cada palabra, que se graben a fuego en tu memoria y que les hace tan grandes.

Escúchalo en: Spotify

Texto: Kuxkuxerilla

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