Mark Lanegan: Sepultureros son las Horas

Tras prácticamente 8 años de silencio, de no ser por las múltiples y acertadísimas colaboraciones que ha dejado atrás en esta última década (Soulsavers, Isobel Campbell, QOTSA, The Gutter Twins, The Twilight Singers…), Mark Lanegan vuelve a la carga con lo que es su ansiado 7º álbum de estudio en solitario. Esperadísimo por la sencilla razón de ser unos de los artistas más prolíferos en la escena musical de los últimos 25 años, por su profunda e hipnotizadora voz y por el gran bagaje musical que le ampara, tanto en solitario como con la gran olvidada y ciertamente precursora de aquello que se llamó “grunge” a principios de los años 90: Screaming Trees.

Tras sus últimas y maravillosas grabaciones “Bubblegum” (2004) y “Field Songs” (2001), Lanegan dejó el pabellón bien alto y, quizás por ello, las expectativas eran mayores a la hora de recibir su nuevo trabajo. El peligro con “Blues Funeral” quizás radique ahí: esperar una nueva entrega a la altura de su impecable trayectoria en solitario.

“The Gravedigger´s Song”, primer corte e indiscutible mejor canción del disco, se mire por donde se mire, quizás alimentara más aún esas expectativas, ya que se presentó como adelanto a lo que sería su nuevo cancionero:

Su primer medio tiempo “Bleeding Muddy Water”, que luego repetirá en temas como “St. Louis Elegy” o “Phantasmagoria Blues”, pasa desapercibida en las primeras escuchas ya que sus estrofas iniciales chirrían bastante: el filtreo con los sonidos electrónicos empieza a aparecer y el nivel compositivo de Lanegan parece desmoronarse. Quizás sea un tema que vaya entrando poco a poco tras varias vueltas, gracias a su amable estribillo. Eso sí, ninguno de los citados cortes acaban trasmitiendo gran cosa.

Pasa sin pena ni gloria “Gray Goes Black” hasta llegar a “Riot in my house”, fiel heredera del legado “Lanegan” y que clarifica que cuando se centra en hacer lo que sabe el resultado es más que notable.  Sin embargo, “Ode to the Sad Disco” es uno de los grandes desaciertos del álbum y nos atreveríamos a decir que de toda su discografía: como canción es paupérrima y la mezcla de estilos roza lo horripilante. “Harboview Hospital” o “Tiny Grain of Truth” no le van a la zaga. A evitar como la peste.

“Quiver Syndrome” nos trae el punto de inflexión en un trabajo que, alcanzado este punto, empieza a hacer más justicia a lo que el artista nos tiene acostumbrados en sus anteriores entregas: guitarrazos, voz profunda y personalidad a raudales. “Leviathan” y “Deep Black Vanishing Train” son claros ejemplos de lo que debería haber sido la tónica general en el tracklist.

“Black Funeral” no es ni de lejos, el mejor disco de Mark Lanegan. Quizás sea lo peor que haya firmado hasta el momento. Poco entendibles resultan sus incursiones en la electrónica y mucho menos comprensibles viniendo de alguien que, a estas alturas, no necesita demostrar nada.

Esperemos que se trate del único “pero” en toda su carrera y que, con el paso del tiempo, Mark Lanegan no se esté cavando su propia tumba.

Escúchalo en Spotify

Texto: Paja&Mosto

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